Madrid-Mallorca-Barcelona, mobiliario para una real unión
Sánchez Casado, Antonio
He sido profesor de Historia del Mueble en el Museo del Prado y he publicado diversos artículos sobre mobiliario. Madrid, España
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La Real Jornada de Barcelona de 1802 para acudir a la celebración de la doble boda de Fernando, príncipe de Asturias, y su hermana María Isabel de Borbón con sus primos Francisco, heredero de Nápoles y Sicilia, y su hermana María Antonia de Borbón supuso uno de los mayores acontecimientos del reinado. Carlos IV de España unía a sus hijos con los de su hermano Fernando IV de Nápoles. La repercusión más conocida en cuanto al mobiliario son las magníficas camas diseñadas por el oficio de la tapicería para los reyes y príncipes. El traslado de la corte, necesitada de todo su esplendor fuera de su escenario natural, se convirtió en un reto logístico para la casa real, para la Ciudad Condal y, por carambola, para los ebanistas mallorquines a los que se les encargó parte del mobiliario real.
El estudio realizado hace años sobre la conexión entre las tres ciudades para la preparación de esta jornada sacó a la luz unos diseños de mobiliario firmados por el ebanista de la Real Casa Pablo Palencia, que parecían destinados para su fabricación en Mallorca. También se pudieron identificar estos diseños con muebles que hoy se encuentran en el Palacio Real de Madrid, pero, aunque todos los indicios apuntaban a ello, faltaban pruebas que documentasen cómo se hizo el encargo, cuándo, a quién o por cuánto.
Afortunadamente, ha aparecido en el Archivo General de Palacio en Madrid toda la documentación relativa a este encargo. El intercambio de misivas entre la corte y los puntos de producción confirma muchas de las conclusiones que hasta ahora estaban basadas en conjeturas, pero además resuelve muchas de las dudas que quedaron en el aire: por qué no se encomendó el mobiliario directamente en Barcelona, qué ebanistas realizaron ese mobiliario, qué otros centros de producción se tuvieron en cuenta, cómo se eligieron esos ebanistas, con qué plazos trabajaron para el encargo, cuáles eran las condiciones de trabajo, qué parte del mobiliario se encargó directamente en Barcelona y la diferencia de precios entre estas tres ciudades.
Incluso el hecho de que se rechazaran algunos muebles nos ilustra sobre la sensibilidad que regía las necesidades cortesanas y cómo se entendían fuera de Madrid. La real comitiva viajó durante seis meses visitando Zaragoza, Valencia y Cartagena, además de Barcelona, lo que significaría un fuerte impacto y difusión del nuevo estilo neoclásico. Por ello, esta publicación puede aportar nuevas perspectivas para la comprensión y datación del mobiliario que manejan hoy anticuarios y profesionales. Por otro lado, quizá podría ayudar también a la verificación de algunos muebles de palacio que aún esperan salir de su orfandad, aunque este punto no se podrá corroborar hasta que no se realice un estudio comparativo en profundidad.
En definitiva, la conexión entre estos tres grandes focos de producción de ebanistería no podía más que procurar avances estilísticos, tecnológicos y económicos, como demuestra esta documentación entre la furriera de palacio con las intendencias de Mallorca y Barcelona durante el año de 1802.