A la búsqueda de inspiración. Los diseños de mobiliario de Josep Puig i Cadafalch
Aisa Suesa, Elisabeth
Historiadora con mención en Patrimonio Bibliográfico y Documental por la UAB y miembro de la Associació per a l’Estudi del Moble. Barcelona, España.
elisabeth.aisa3@gmail.com
Etiquetas/Tags: Historicismo, Tipologías, Arquitecto, Documentación gráfica, Relación mueble – espacio
Los historicismos del siglo XIX habían copiado modelos de mobiliario del pasado, congelando así ciertos diseños en el tiempo, a la vez que en sus estructuras habían incorporado innovaciones técnicas con la intención de hacerlos más confortables y facilitar su construcción. Esta seriación, muy criticada a raíz de la primera Exposición Universal de Londres en 1851, llevó a artistas, diseñadores e intelectuales a querer devolver la esencia a estos objetos.
W. A. Pugin, en la Inglaterra victoriana, fue la figura que encontró en la Edad Media una fuente de inspiración. No solamente en sus diseños, sino también en la “filosofía” que escondía la realización de cada pieza: cada una era hecha por un artesano que ponía todos sus esfuerzos en que esta saliera bien, haciéndola a la práctica única, ya que el trabajo manual (desvirtuado por muchos a raíz de la industrialización) dificultaba realizar dos piezas idénticas. Este espíritu fue recogido por J. Ruskin y por el movimiento Arts & Crafts: William Morris, así como otros artistas y diseñadores británicos, como C. F. A. Voysey o Philip Webb, supieron plasmarlo en sus interiores (en el mobiliario, en los textiles…).
En Cataluña, el modernismo quiso dar también este paso. Como en el caso británico, la raíz medieval tuvo mucha importancia; al fin y al cabo, el movimiento cultural de la Renaixença había encontrado en la Edad Media un pasado de poder y creación únicos, que debía ser emulado. Maneras de conseguirlo eran recuperar formas arquitectónicas (sobre todo del gótico) o bien volver a trabajar técnicas y materiales que habían quedado en desuso.
El mundo del mobiliario no fue ajeno a esta tendencia: tipologías de mueble del pasado que la industrialización había seriado sirvieron como base para el diseño de piezas únicas que recuperaron el valor del trabajo artesanal sin rehuir las nuevas técnicas que la industrialización había dado a conocer. Arquimesas decoradas con vidrieras o arquibancos inspirados en los modelos medievales continuaron siendo muestras del buen gusto y del poder económico de sus propietarios, pero yendo más allá de la copia seriada.
Josep Puig i Cadafalch sería uno de los arquitectos y diseñadores que recuperaría tipologías de mueble del pasado para decorar los interiores de “sus” casas, en esbozos que él mismo realizaba, sobre los que trabajaban los ebanistas de la época. Tanto para el Palau Baró de Quadras como para la Casa Amatller diseñó escaños y también arquibancos de estética medieval, que se podían aprovechar lo mismo como asiento que como contenedor. Siguiendo diseños del arquitecto de Mataró, Gaspar Homar y el taller Esteve & Cía. realizaron arquimesas: la primera para la casa del industrial chocolatero, con una estética plenamente modernista (pequeña vidriera incluida); en cambio la del segundo, para la Casa Trinxet, estaba inspirada en los modelos del siglo XVII.
Esta comunicación pretende ser un recorrido por la faceta de diseñador del joven Puig i Cadafalch, seguramente uno de los mejores exponentes del espíritu Arts & Crafts en el modernismo, a la búsqueda de las referencias que le inspiraron a la hora de esbozar el mobiliario de los edificios en los que trabajó.