El butaque. De asiento popular a arquetipo del mueble mexicano del siglo XX

Hernández Padilla, Mercedes Josefina

Investigadora, especialista en mueble mexicano. Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño. Universidad de Guadalajara. Guadalajara, México.

mercedes.hernandez@academicos.udg.mx

Etiquetas/Tags: Asientos, Identidad cultural, Relaciones geográficas, Difusión de modelos, Autoría

Abstract: Following the Mexican Revolution, a program began for the dissemination of certain symbols of national identity–to redefine the Mexicanity. The search was expressed in fine and decorative arts, including furniture. In this context, the “Boutaque/Campeche” chair reappeared. Artists like Luis Barragán, William Spratling, Clara Porset, and Manuel Parra, among others, proposed their own interpretations of this traditional rural seat, inserting it into a new socio- cultural context, making it a representative piece of 20th century Mexican furniture. Despite its significance, there have not been many studies or publications on the piece, and mystery surrounds it’s origin. The objective of this work is to present a hypothesis about the origin of the “boutaque” in the colonial codices, and to revalue it as a mestizo seat, a combination of European manufacturing techniques and technologies with materials, labor and ability of the Mexican indigenous, making it a worthy representation of Mexican cultural identity.

Al finalizar la guerra de la Revolución mexicana, con la creación de la Secretaría de Educación Pública en el año 1921, a cargo de José Vasconcelos, se dio inicio a un programa cuyo principal objetivo fue la difusión de distintos símbolos de identidad nacional, al tiempo que redefinía la llamada mexicanidad. Esta búsqueda, oficializada a través del gobierno de Álvaro Obregón, no se limitó a las bellas artes, de entre las cuales podremos nombrar el movimiento muralista mexicano, la arquitectura nacionalista, la música y el cine, sino que también a las artes decorativas en general y, en lo particular, al mobiliario, que tuvieron una reinterpretación impulsada por esa necesidad de consolidar la identidad cultural.

Desde entonces y durante el resto del siglo XX, se caracterizó el diseño y el mueble mexicano, así como la identidad cultural mexicana, por sus raíces con el pasado mesoamericano y colonial, atado a las artes aplicadas y al llamado arte popular, revalorizando viejas formas, usos y funciones de diversas piezas de mobiliario, hasta entonces de uso extendido entre los grupos sociales más modestos.

Es en este contexto que reaparece la silla campechana, también conocida con el nombre de butaque; un tipo de asiento de descanso, de manufactura artesanal, utilizado en las zonas tropicales del golfo de México y, con algunas variantes de carácter regional, en diversas zonas rurales del país; estos asientos fueron utilizados principalmente por los campesinos y peones en las haciendas, aun cuando se conocen algunas piezas elaboradas en maderas finas y acabados de mejor calidad, destinados a otro contexto sociocultural.

El arquitecto Luis Barragán a finales de la década de 1920, con su sillón Barragán, pasando por William Spratling, Clara Porset y Manuel Parra, entre otros artistas, propusieron sus propias interpretaciones de este asiento tradicional rural, insertándolo en un nuevo contexto sociocultural, conjuntando tradición, modernidad e identidad cultural en el mobiliario mexicano del siglo XX, traspasando las fronteras a través del menaje de las embajadas de México en el mundo, en la década de 1970, y hasta hace muy poco de la residencia oficial de Los Pinos.

A pesar de su trascendencia, han sido muy pocos los estudios y publicaciones sobre el butaque, es poco lo que se conoce acerca de su origen, a diferencia de otros asientos de procedencia europea o americana; mas su fabricación, uso, tipología, comercialización e incluso exportación ha sido posible rastrearlos desde finales del siglo XVII en diversas regiones de México, el sur de Estados Unidos y en las islas del Caribe.

El objetivo del presente trabajo es presentar una hipótesis sobre el origen del butaque en los códices coloniales y revalorarlo como un asiento mestizo, producto de la combinación de técnicas y tecnologías de manufactura europeas; y materiales, mano de obra e ingenio del
indígena mexicano, y, por lo tanto, digno representante de la identidad cultural mexicana.

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