Los talleres reales de ebanistería

Sánchez Casado, Antonio

He sido profesor de Historia del Mueble en el Museo del Prado y he
publicado diversos artículos sobre historia del mueble. Madrid, España.
sanchezcasadoantonio@gmail.com

Etiquetas/Tags: Realeza, Autorías, Oficios, Carpinteros, Documentación escrita, Catalogación

Abstract: This research in the Royal Cabinetmaking Workshops tries to create a frame of reference to understand the work of each cabinetmaker within the Royal House of Spain. It explains how these workshops were created, their purpose, who led them, their physical location within the Palace, what their day-to-day life was like and even how they disappeared. In this way, new workshops, such as that of doors and windows, new cabinetmakers, such as Domingo Aguilar, and new furniture, such as that of the Library of the Royal Observatory of Madrid, have come to light, which had gone unnoticed until now. Likewise, dates and attributions have been corrected, such as those commodes à vantaux attributed to Francisco Sabatini. The authors of important furniture sets, such as the Carlos IV Library, also appear. On the other hand, the ability of cabinetmakers to design their own furniture is once again demonstrated, as was done by the director of Taller del Rey, José Palencia.

Los estudios recientes sobre el mobiliario de la casa real española se han centrado en el taller de ebanistas creado por Matías Gasparini y en las cuentas que los ebanistas de la Real Casa entregaban para reclamar el pago de su trabajo. No obstante, en la corte madrileña coexistieron gran número de talleres dedicados a la fabricación de mobiliario para el servicio real. La monografía más extensa hasta hoy sobre los talleres reales es el artículo publicado por Julia María Echalecu en 1955, “Los Reales Talleres de Ebanistería, Bronces y Bordados”. En él se refiere a uno solo de los talleres de ebanistería creados en el siglo XVIII, el de Gasparini, pero resulta obvio que este taller no podía dar respuesta a la ingente necesidad de mobiliario de la corona.

Desde la publicación de Echalecu se tiende a encasillar cualquier mobiliario realizado para el servicio real dentro de la denominación general de talleres reales, sin otra especificación. Un nombre que camufla la riqueza y multiplicidad de talleres que trabajaron para la casa real. De ahí que sea necesario distinguir la variedad de apelativos utilizados en su época para la multitud de trabajadores de la madera dentro de la corte. Es la única manera de poner a cada artífice en su lugar dentro del organigrama palaciego y entender sus realizaciones. De esta forma, profundizando en el sistema de trabajo dentro de la ebanistería real han aparecido nuevas autorías y nuevos encargos, entre otros datos reveladores.

En términos generales, los talleres de ebanistería se dividían entre los que pertenecían a la planta de la casa real –de pie fijo–, como el taller del rey, y los contratados fuera de planta –exclusos–, como los que dependieron de la tesorería de la Real Fábrica del Palacio Nuevo de Madrid. En todos estos casos, tanto el taller como el material eran proporcionados por la administración. Al tener un sueldo semanal por su trabajo, no hay constatación clara del mobiliario realizado. Los talleres creados fuera de planta respondían a necesidades concretas, normalmente a grandes decoraciones para nuevas construcciones como El Escorial o el Palacio Real de Madrid. Su contratación era temporal, mientras durase la realización del objeto contratado. Sin embargo, los maestros ebanistas de la Real Casa tenían su taller propio y no tenían sueldo alguno, sino que cobraban por cada obra realizada –mediante factura firmada– por lo que su autoría es relativamente clara.

Dentro de la planta se situarían el taller del rey, el de la reina y el de cada infante. Con pie fuera de planta trabajaría el maestro ebanista de la Real Casa. En la segunda mitad del siglo XVIII se crearon, también fuera de la planta, el taller de puerta ventanería y el de Gasparini. Este último se conocía como el taller de los ebanistas alemanes o de ebanistas de la fábrica o del ebanista de su majestad. Al de puerta ventanería se le identificó también como de ensambladores. A los maestros ebanistas de la Real Casa también se les denominaba ebanista de su majestad o del rey, mientras que el taller del príncipe pasó a ser del rey, cámara o de su majestad, aunque también se conocía como taller secreto o reservado. De forma que sería completamente distinto ser ebanista de la Real Casa que de la casa real, del rey o del taller del rey, ser ebanista de la Real Fábrica que trabajar para una fábrica real. Todo esto, sin entrar en que algunos operarios podían acumular distintos cargos. Pero a pesar de esta aparente inestabilidad de las denominaciones, en su época no generaban ninguna duda. De ahí la importancia de conservarlas.

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