Un escritorio de campaña anglo-chino adquirido en Filipinas y traído a Asturias en la década de 1880

Cañedo López, Ángel José

Licenciado en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo, perito tasador judicial de obras de arte y antigüedades por la Escuela de Arte y Antigüedades de Madrid. Miembro del equipo de investigación Artsandcrafts de la Universidad de Oviedo. Oviedo, España.

canedoangel@hotmail.com

Ferreira Martínez, Ángela

Licenciada en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo, máster en Historia y Análisis Sociocultural en la Universidad de Oviedo, experta en gestión y uso turístico del patrimonio industrial y minero en la Universidad de Oviedo. Oviedo, España.

ferreiramartinezangela@gmail.com

Etiquetas/Tags: Cliente, Comercio, Asia, Contenedor, Siglo XIX, Maderas

Abstract: An Anglo-Chinese camphor campaign writing desk was brought from Philippines to Asturias in the 1880s. The Regency style campaign writing desk made in camphor wood by Chinese cabinetmakers established in the Philippines or imported to the Spanish colony from Hong Kong. The owner was Don Ramon Martinez, canon of the Cathedral of Manila. He brought it as part of his luggage when returning to Asturias after the earthquake that devastated Manila in 1880. The discovery of this piece in Grandas de Salime, a small Asturian village with difficult acces in the 19th century, is an example of the penetration of high quality foreign furniture styles throught the maritime ports of the Nort of Spain.

El hallazgo de este mueble en una casa tradicional de la localidad de Grandas de Salime, en el occidente de Asturias, fue tan sorprendente como casual. No es ni mucho menos habitual encontrar muebles realizados por ebanistas chinos siguiendo estilos de mobiliario inglés que puedan rastrearse desde su lugar de producción, la adquisición de su quizás segundo propietario en las colonias asiáticas españolas, y seguir su viaje hasta la ubicación actual.

El mueble es una cómoda escritorio de campaña o canterano de estilo regency de madera de alcanfor y con la trasera probablemente en madera de lignum vitae. Realizado en dos piezas con cuatro asas laterales para facilitar su transporte, es de tapa abatible con interior compartimentado en casilleros, cajones y balda móvil. Tiene tres registros de cajones al frente, cerraduras centrales y tiradores de asa embutidos. La decoración perimetral de los cajones es con cenefa de latón embutida que remata en las cuatro esquinas con una estilización de palmeta, motivo que se repite en el sobre, donde aparece el nombre “PAZOS” con letras del mismo material embutidas y atornilladas a la madera. Sustentan el mueble dos ménsulas recortadas con pies de bola.

El propietario del mueble fue don Ramón Martínez Villabrille (Grandas de Salime, 1821-1884), canónigo magistral de la iglesia metropolitana de Manila, ciudad a la que llegó desde el puerto de Cádiz, lugar donde embarcó en la fragata Victoria en
marzo de 1848.

El canterano presumiblemente lo adquirió a su primer propietario don Emilio Pazos Vega-Hidalgo (Ferrol, 1839-Manila, 1880) hijo de don Pío Pazos Barcáiztegui, capitán de la Real Armada española. De ahí que aparezca el nombre de Pazos en la tapa de la cómoda-escritorio y no el suyo.

Tras el terremoto en Manila de 1880 y con la salud bastante deteriorada, Martínez Villabrille decide regresar a su casa natal en Grandas de Salime, trayendo consigo el canterano y otras pertenencias, de las cuales se conservan un calvario hispano filipino de marfil enmarcado en ébano, una colcha en seda con decoración de chinerías, un cáliz y varias casullas. El mueble fue ubicado en el que es el actual comedor de la vivienda y
según sus herederos ha permanecido en el mismo sitio desde la llegada del canónigo hasta la actualidad.

Tal hallazgo en un sitio de difícil acceso y bastante aislado en la Asturias del siglo XIX da fe de la penetración de estilos de mobiliario foráneos de gran calidad a través de los puertos españoles. El puerto más plausible para la entrada del mueble sería el del Ferrol, sobre todo con la nueva de Ley de Puertos promulgada en mayo de 1880, que, junto a los de Barcelona, Bilbao, Cádiz, Cartagena, Málaga, Santander, Sevilla, Tarragona, Valencia y Vigo, pasa a ser puerto clasificado de primer orden. Tampoco es descartable que pudiese haber llegado a través del de Barcelona. Con la apertura del canal de Suez en 1869 las conexiones con el océano Índico hacen innecesaria la navegación doblando el cabo de Buena Esperanza. Esto supone un ahorro de tiempo y el establecimiento de nuevas líneas de transporte en buques de vapor desde los puertos mediterráneos. En el viaje de ida en 1848, la fragata Victoria tardó cuatro meses y medio en llegar a Manila.

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